La Casa del Agua
No es un retiro. Es un regreso.
Un regreso a lo que siempre estuvo ahí pero habías olvidado.
Un santuario vivo. Un vórtice de conciencia. Una puerta abierta a lo esencial.
Aquí no vienes a desconectar del mundo, sino a reconectar contigo.
Con lo verdadero. Con lo sagrado. Con lo que no necesita decorarse para sentirse pleno.
Esto no es un hotel ni una experiencia empaquetada.
Es un lugar donde el silencio habla, lo invisible guía, y el alma —por fin— se acuerda de quién es.
La Casa del Agua no se explica. Se siente.
Y si resuena contigo, es que ya la estás recordando.